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Ser autodidacta en la era del conocimiento

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AUTODIDACTAS

 

Cada día vemos como importan más los diferentes certificados, diplomas y títulos que los aprendizajes reales de cualquier persona. Ahora da igual si sabes inglés porque lo que se valora es tu categoría en inglés, es decir, si has alcanzado el avanzado, intermedio o a penas eres nivel básico. Y lo mismo ocurre con todo, aunque seamos capaces de demostrarlo diariamente nuestras competencias dependen exclusivamente de un papelito que las certifique.

Resulta totalmente desmotivador el hecho de que aunque te hayas pasado la vida trabajando, si los factores burocráticos no están a tú favor no te sirve de nada.

Por eso me parece estupendo el hecho de que vayan apareciendo otros medios para certificar tus aprendizajes, como por ejemplo las badges o diplomas digitales, que justifican que has trabajado en algo con el suficiente empeño para que te sea reconocido, pero que no te exprimen hasta alcanzar una u otra nota para ello. Las evaluaciones deben acabar como las entendemos hasta ahora: como un modo de explotación intelectual que no sirve nada más que para generar competitividad, agresividad y malestar. En esta línea encontramos aplicaciones como Mozilla Backpack o Accredible que se comportan como nuestro tablón de justificantes o acreditaciones.

Parece que la innovación digital también va facilitando el camino a la hora de “hacer” nuestro currículum. Ahora no basta con un puñado de palabras, años correlativos y experiencias varias de manera escrita en un papel insulso y cansino. Ahora podemos hacerlo divertido, con vídeo o simplemente crear nuestro propio blog, más visual y atractivo, para contar nuestra experiencia. También existen páginas dedicadas exclusivamente a esto, como Linked In, que ponen en marcha una amplia comunidad de contactos profesionales que facilitan ese proceso de aprendizaje continuo que se pretende, y ese alcanzar el trabajo que realmente estás predestinado a hacer en función de tu trayectoria, tanto académica como profesional o laboral.

Las calificaciones tienen mucho peso en la escuela, fundamentalmente a partir del bachillerato, donde los estudiantes empiezan a competir por lugares o calificaciones, donde aprenden a venderse como profesionales. Pero, donde comprobarán, que de poco les sirve todo eso que aprenden si no han hecho el examen oportuno que lo corrobore. Donde, una vez más, echamos por tierra su ilusión y ganas de aprender para controlarles, limitarles y juzgarles.

Por esta misma razón cobran importancia los métodos nuevos de aprendizaje en los que el estudiante se empodera de la obtención propia de conocimientos; alejándolo del clásico aprendizaje dirigido, en el que se limitan la creatividad y el criterio.

Hay algunas personas que han tenido la suerte encontrarse con maestros que les han enseñado a ser autodidactas, para nunca dejar de aprender. Son aquellas que, sin importar su grado académico en el sistema de educación formal, siempre leen, ven o escuchan programas científicos o de educación en general, lo cual incluye expresiones artísticas. Estas son las personas que eventualmente encuentran soluciones a problemas complejos, porque se dejan cuestionar por otros puntos de vista, porque se abren a otras posibilidades, es decir, a mundos más allá del cómodo espacio de las certezas aprendidas más por temor a la autoridad que por amor al conocimiento que sí libera; convirtiéndolos en perfiles altamente solicitados en el mundo laboral, gente que al empoderarse de su educación, se vuelve más competitiva que el resto de personas.

REFERENCIA: La importancia de saber venderse, Clara Cordero

http://www.elcotidiano.es/la-importancia-de-saber-venderse/